Buscando la dignidad laboral
31 de Agosto, 2010
Sección: El Mero Fondo
El trabajo es un bien preciado. La ausencia del mismo suele generar tensiones en lo
personal y lo familiar.
La industrialización, la informática y las comunicaciones, trajeron consigo el progreso
y la aceleración de los procesos productivos y de comercialización.
Sin embargo, todo este progreso ha dañado la ocupación de la mano de obra, dado que
muchas tareas que se hacían a mano ahora se hacen a través de maquinarias sofisticadas.
Pero esto se agrava, al exigir que una misma persona haga el trabajo de dos o tres,
aumentando la jornada laboral a 10 o 12 hs. como mínimo, incluso sábados y domingos.
El progreso, de acuerdo a especialistas en el tema, debería haber traído aparejado la
disminución de la jornada laboral, no el aumento de la misma. Esto quita empleo.
¿Por qué pasa èsto? Porque los empresarios, en lugar de generar horarios rotativos de
trabajo, aumentando el personal, buscan aumentar sus ganancias sobrexigiendo a un número
reducido de empleados.
Las Empresas que cubren servicios masivos, en su momento, fueron generadoras de empleo,
con horarios rotativos y sueldos dignos, además de obras sociales sólidas. De alguna
manera, había una justa distribución de las riquezas. Lo recaudado no iba sólo a manos
de unos pocos empresarios.
Sin embargo, estas empresas redujeron su personal, enviando sus ganancias al exterior. A
todo lo comentado se suma el aumento de la jornada laboral, la reducción de sueldos, el
daño a las obras sociales y la amenaza permanente de posibles despidos.
Al leer con atención la Biblia hallamos claras advertencias contra aquellos que se
abusan de sus empleados. Dice en Deuteronomio 24.14-15: No explotarás al jornalero
pobre y necesitado, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra
dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal y no se pondrá el sol sin dárselo;
pues es pobre y con él sustenta su vida. Así no clamará contra ti a Dios y no serás
responsable de pecado .Cuando encontramos una advertencia de este tipo es porque ha
habido algún tipo de abuso, por lo cual Dios exhorta a tratar con dignidad a los
empleados, reconociendo su trabajo y pago en término.
Sorprende la cantidad de empresas que han quebrado. Pero no es de extrañar que muchas de
estas empresas han sido injustas con sus empleados a los cuales les retenían sus
sueldos. Sin embargo, nada de esto le es extraño a Dios. En Santiago 5.4 queda claro que
Dios condena la actitud injusta de aquellos que se abusan de sus empleados. Dice en
Santiago 5.4: El jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por
engaño no les ha sido pagado por vosotros clama y los clamores de los que habían segado
han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Dios escucha las oraciones de sus
hijos poniendo un límite al mal. Trayendo esperanza sobre aquellos que tratan con
dignidad a sus empleados.
El trabajo puede traer satisfacciones. El propósito de Dios es que el ser humano trabaje
con alegría. Aquellos que hacen del lugar de trabajo una oportunidad para oprimir están
yendo en contra de los propósitos de Dios. Dice en Eclesiastés 3.22: Así, pues, he
visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esa es su
recompensa.
El trabajo puede ser una ocasión de bienestar. Aquellos que han podido progresar
económicamente pueden hacer de la labor cotidiana algo soportable y reconfortante. En
este sentido, leemos en Eclesiastés 5.18-19: He aquí, pues, el bien que he visto: que
lo bueno es comer y beber y gozar de los frutos de todo el trabajo con que uno se
fatiga debajo del sol todos los días de la vida que Dios le ha dado, porque esa es su
recompensa. Asimismo, a todo hombre a quien Dios da bienes y riquezas, le da también
facultad para que coma de ellas, tome su parte y goce de su trabajo. Esto es don de
Dios.
Sin embargo, Dios condena la conducta abusiva de aquellos que oprimen al pobre. El
profeta Amós llama vacas a las mujeres de la región de Bazán, que comían sacando
provecho de sus empleados. Dice en Amós 4.1-3: Oíd esta palabra, vacas de Basán, que
estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los
menesterosos, que decís a vuestros señores: «Traed de beber».
Tu Dios, el Señor, juró por su santidad: «Sobre vosotras vienen días en que os llevarán
con ganchos y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; saldréis por las
brechas una tras otra y seréis echadas del palacio, dice el Señor tu Dios.
¡Que dura advertencia para aquellos que se abusan de sus empleados! ¡Para aquellos que
no tratan con dignidad a su personal!.
Nuestra palabra de aliento para aquellos que están sufriendo algún tipo de opresión
laboral. ¡Continúe orando a Dios! ¡No trabaje como para el ojo humano, trabaje como para
el Señor.
El defenderá su causa y habrá de poner límite a aquellos que no le tratan con dignidad.
Si usted es un empresario cristiano, le alentamos a velar por la dignidad de sus
empleados, promoviendo sueldos justos y horarios razonables.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
¿Enfermedades Psico-Somáticas?
18 de Agosto, 2010
Sección: El Mero Fondo
Existen las llamadas enfermedades psico-somáticas, sencillamente, porque el ser humano es psico-somático. El ser humano es una unidad, en principio, constituida por un cuerpo y una mente.
Con relación a esto, dando un paso más, podemos afirmar que el ser es un todo, que también incluye lo espiritual. El apóstol Pablo, al referirse al ser humano como una totalidad, expresó: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” El ser es un todo: espíritu, alma (mente, emociones, voluntad) y cuerpo. Esto implica que el sufrimiento, en cualquiera de estas áreas, sí o sí repercute en las otras.
Tanto ha avanzado este concepto, que hasta los médicos cada vez contemplan más al hombre como unidad. Y en este tiempo, el concepto de psicosomático, se ha extendido prácticamente a todas las enfermedades.
No sólo las enfermedades tradicionales, como el asma, la úlcera, la dermatitis, la artritis reumatoidea, sino todas son tratadas considerando este doble aspecto: lo psicosomático.
Actualmente se analiza cuál es el órgano afectado, en qué momento de la vida aparece la enfermedad, cuál es el estado anímico del paciente.
Muchas emociones no canalizadas correctamente encuentran su expresión disfrazada en el cuerpo. Por ejemplo, a veces, cuando hay trastornos digestivos, y la persona tiene problema para digerir o tragar, en el lenguaje cotidiano, suele expresar: “No lo trago,” “A esta persona no la puedo digerir,” “Yo eso no me lo trago,” o “Dejame que mastique este problema.” Y con relación a la respiración, entre otras cosas, se suele decir: “Esta situación me asfixia,” “Me siento encerrado o acorralado.” A veces, la respiración, se une a una escasez económica, y se dice: “Estamos apretados,” “Estamos ahorcados.”
En la Biblia encontramos innumerables ejemplos de cómo lo anímico, lo físico y lo espiritual se influyen de una manera asombrosa. Por ejemplo, en el salmo 32.3-5 y 11, dice: “Mientras callé se envejecieron mis huesos… se volvió mi verdor en sequedades de verano…”
Los huesos se secan y duelen, cuando una persona en su orgullo no puede perdonar, ni puede pedir perdón a Dios. Se endurece, no se humilla, sus huesos se vuelven duros y le cuesta moverse.
En Proverbios 3.1-2 y 5-8 dice: “Hijo mío no te olvides de mi ley… tu corazón guarde mis mandamientos. Porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán… Fíate de Dios de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia opinión… Teme a Dios y apártate del mal porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos.”
En este salmo, se refleja un estilo de vida de confianza en Dios y cómo repercute en la expectativa de vida de una persona y su salud integral.
También, en Proverbios 3.21-25, dice: “Hijo mío… guarda la ley y el consejo… y serán vida a tu alma… Entonces andarás por tu camino confiadamente y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás y tu sueño será grato. No tendrás temor de pavor repentino…”
Este salmo ejemplifica otro aspecto de cómo la confianza en Dios influye en el estado anímico, el control de las emociones y combate la situación de estrés tan ligada al insomnio.
El ser humano necesita de Dios y necesita establecer una correcta relación con Él. La correcta relación con Dios puede dar ese equilibrio que se necesita para una vida más sana y con sentido.
Somos una unidad psico-somática-espiritual y cuando una de estas áreas se descompensa, afecta a la otra. Provocando, en ocasiones, enfermedades, generalmente conocidas como enfermedades psicosomáticas.
En ocasiones, debemos ir al médico o a otro tipo de profesional. Sin embargo, también contamos con el recurso de la oración. Desde una perspectiva bíblica, sabemos que contamos con el recurso espiritual, con el auxilio de Dios, para compensarnos y superar la situación de enfermedad.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
¿Cómo afecta el divorcio a los hijos?
10 de Agosto, 2010
Sección: El Mero Fondo
¿Conoce a alguna persona que haya sufrido el divorcio de sus padres? ¿Se puso a pensar alguna vez cómo repercute en el niño o en el adolescente este tipo de separación?
¿Escuchó frases como estas?: “El amor no existe”; “Es muy difícil que un matrimonio funcione”; “El amor no es para siempre”; “Es preferible el divorcio antes que los hijos presencien las peleas”; “El divorcio no es una solución, pero a veces es el único camino;” “Mis padres se separaron, no quiero lo mismo para mis hijos, pero si es necesario…;” “Somos incompatibles, nunca nos vamos a entender.”
Estas y otras frases suelen rodear el duro trance del divorcio. Lamentablemente, cada vez más se va reafirmando el divorcio como “la solución”, cuando la relación matrimonial se va quebrando. Pero, en muchos casos, al reflexionar sobre la decisión tomada, se descubre que hubo caminos alternativos no recorridos, que habrían favorecido la restauración de la relación y evitado la decisión extrema del divorcio. Aunque, la forma de pensar, que está ganando terreno, cada vez más, es que si la cosa no funciona, se vayan cada uno por su lado.
Por otro lado, cuando hay hijos, los padres sienten mucha culpa por el daño que les pueda causar la separación. Asimismo, los hijos se encuentran divididos en su lealtad. Y muchas veces son mensajeros de sus padres: “decile a tu padre…” o “contestale a tu madre…”. Además, esto afecta el rendimiento escolar de los hijos. Y en ocasiones, los maestros se dan cuenta por la distracción y/o problemas de conducta (retracción, agresión) que sus estudiantes están siendo afectados por la decisión que han tomado o están tomando sus padres.
Es evidente, conforme a la enseñanza bíblica, que la situación de divorcio no es la más recomendable, ya que el plan de Dios es la formación de una familia estable.
Los hijos precisan un padre y una madre. Y un ámbito familiar que favorezca la formación de los hijos en manera integral. Por eso, en sus recomendaciones, el apóstol Pablo, toma en cuenta a ambos padres: “Hijos obedezcan en el Señor a sus padres… honren a su padre y a su madre…” (Efesios, capítulo 6.1-2).
Cuando la unión matrimonial ha sido muy fuerte, no es tan fácil romper esa unidad con un trámite. Es decir, que un matrimonio, puede tramitar su divorcio, pero muchas veces, psicológicamente, sigue existiendo una unión difícil de romper. El apóstol Pablo alude a esta unión, planteando que este vínculo constituye a la pareja, en términos simbólicos, en una sola carne: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne…” (Efesios 5.31). Y lo que se estableció a partir de esa decisión no es tan sencillo de diluir.
Los hijos viven y respiran esta contradicción, entre una unión que es para siempre, y un amor que de repente se desgastó y se terminó. Al mismo tiempo, que muchas veces, se culpan, porque piensan que algo hicieron mal, lo cual provocó las peleas, que terminaron en separación de los padres. De alguna manera, esos hijos “pierden la esperanza,” y “pierden la confianza, en que una relación matrimonial pueda ser estable.” Sin embargo, el Señor renueva la esperanza de sus hijos, en la medida que se deposite la confianza en Él: “En el temor de Dios está la fuerte confianza, y esperanza tendrán sus hijos” (Proverbios 14.26).
Cuando ocurren situaciones lamentables, la pregunta de siempre es: ¿Dónde está Dios?. Esta pregunta se la hicieron a la hija de un predicador, muy conocido, cuando unos aviones destruyeron las torres gemelas. La respuesta fue que, en realidad, el ser humano en su arrogancia fue sacando a Dios de todas las áreas de su vida, de las escuelas, de las familias, y minimizaron su relación con Él.
Dios está quedando cada vez más afuera de las familias. Sus enseñanzas no son tenidas en cuenta, o simplemente se intelectualizan, se honra lo creado y no al Creador, se ha perdido el temor de Dios, como principio de la sabiduría. Se confía en personas encumbradas, antes que en Dios.
Hoy nos dirigimos especialmente a esos hijos que han perdido la esperanza y la confianza en una relación estable, y en algunos casos han querido hacer algo diferente a sus padres, pero llegaron al mismo punto, sin saber por qué.
Muchas familias, de generación en generación repiten las mismas situaciones, como si fuera un destino fatal.
¿Conoces a algún hijo de padres divorciados, que también se haya divorciado? ¿Pensás que es posible no caer en la misma situación?
La promesa de Dios, es que si se lo deja entrar en la propia vida, en la familia, en los planes, Dios renueva todas las cosas. El apóstol Pablo, dice en 2 Corintios 5.17: “De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas.”
Cristo, en el centro de tu vida, puede marcar la diferencia, entre un pasado sin superar, que vuelve traumáticamente, y un pasado superado, que abre la posibilidad de experimentar un futuro mejor.
En el Salmo 128 se muestra muy claramente cómo alguien que aprende a amar y temer a Dios (no en el sentido de miedo, sino de reverencia y respeto a Él) puede formar una familia, y con el tiempo podrá observar cómo Dios bendice a las generaciones futuras y a la población que les rodea. Dice en el Salmo 128: “Bienaventurado todo aquel que teme a Dios… serás bendecido… verás el bien… todos los días de tu vida, y verás a los hijos de tus hijos, Paz sea sobre la ciudad”.
Busque a Dios, quien puede sanar su pasado. Él habrá de darle sabiduría en las relaciones interpersonales, para constituir una familia sana y estable, con la capacidad de superar los problemas y conflictos que nunca faltan.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
Una adicción que aumenta: el alcoholismo juvenil
4 de Agosto, 2010
Sección: El Mero Fondo
Obviamente, que hay múltiples factores que influyen en el incremento de consumo de alcohol en los jóvenes. Hay factores de personalidad, desorientación, inseguridad, timidez, temores, frustraciones no superadas, depresión. Hay factores familiares, presiones, incomprensión, familias destruidas, familias abandónicas, padre, madre o algún familiar querido que tenga este vicio. Hay factores ambientales, sociales, dificultades para insertarse laboralmente. De alguna manera se fomenta la vagancia, el estar más tiempo en la calle con amigos, lo cual es una actitud común en el adolescente y el joven.
Recordemos que tanto el adolescente como el joven están en búsqueda de modelos sanos para construir su identidad. Muchas veces las familias hacen agua y la sociedad también. El adolescente y el joven son vulnerables e influenciables, tanto para bien como para mal. Cuando no encuentran formas sanas de canalizar sus inquietudes continúan la búsqueda por otros caminos.
Tengamos en cuenta que los efectos del alcohol son adormecedores, bloquean, entorpecen la memoria y quitan lucidez. Se produce el fenómeno, como lo describiría un tango: “toman para olvidar.” Sólo que este camino, que al principio ofrece una aparente “salida,” es una trampa mortal. No sólo porque pueda producir la muerte en términos físicos, sino que hay una muerte más temida que es la mental y la espiritual.
En Proverbios 14.12 la advertencia es muy clara: “Hay camino que al hombre parece derecho; pero su fin es camino de muerte.” El alcohol es uno de esos caminos que aparece como una opción, es algo que parece “manejable,” se hace para no ser menos que el resto (lo importante es la lealtad al grupo) y cuando se quiere acordar es un camino sin retorno.
Los ejemplos bíblicos abundan. En Isaías 28.1 se mencionan algunos efectos del vino, cuando las personas se embriagan. Dice: “Hay de la corona de soberbia de los ebrios de Efraín… de los aturdidos del vino…” El profeta Isaías denuncia la “soberbia de los ebrios” y de los “aturdidos del vino.” La soberbia tiene que ver con esa actitud de orgullo, de altivez y supuesta “valentía” que da el vino, cuando en realidad lo que se oculta es la cobardía de enfrentar los problemas. Asimismo, menciona el aturdimiento, que implica la falta de lucidez, el bloqueo, la anestesia que produce a nivel espiritual, mental y físico.
En el mismo libro de Isaías, hay una lamentación del profeta, para aquellos que tenían los valores cambiados, que a lo bueno llamaban malo y a lo malo llamaban bueno. Dice en Isaías 5.11-13: “¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino; y no miran la obra del Señor, ni consideran la obra de sus manos. Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento…” El profeta pinta aquí un estilo de vida, una continuidad.
Embriagarse, dormirse, levantarse y seguir embriagándose. Juntarse con otros a partir de una supuesta alegría, aturdirse para no pensar. Se encienden las pasiones, el carácter se altera, y todo hace que nadie se acuerde de Dios, ni de su existencia ni de su obrar.
Asimismo en Joel 1.5 se muestran los efectos del vino, como algo que adormece, que enajena de la realidad, y al mismo tiempo, genera dependencia con el mismo. Dios advierte: “Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino, a causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca.” Esta es una dependencia destructiva, pero el joven, que entró en esta variante, no lo ve así, porque todavía su cuerpo y su mente le responden. Su orgullo y omnipotencia no le dejan ver cuánto realmente depende del alcohol, y cuánto están encubriendo con el alcohol un sentimiento de abandono y soledad.
Cuando leemos 1 Corintios 6.9-11 vemos cómo Dios condena este estilo de vida, porque conduce al alejamiento de Él, y por ende, lleva a la perdición eterna. En el texto mencionado dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?. No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, “ni los borrachos”, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Muchas veces se habla de que un joven está “perdido por el alcohol,” porque ha destruido sus posibilidades de desarrollo en esta vida. En el texto que leímos, el apóstol Pablo agrega el elemento espiritual, diciendo que esa
perdición es eterna, a menos que haya un genuino deseo de cambio, llamado
arrepentimiento.
Pablo menciona que muchos tuvieron una vida con vicios, pero fueron “lavados,” “santificados,” “justificados” por fe en Jesús.
Por último, veamos lo que dice en algunos Proverbios. En primer lugar, cuando se explica el propósito del libro, en Proverbios 1.4, dice el autor que fueron escritos para “…dar sagacidad a los simples (ingenuos), y a los jóvenes inteligencia y cordura.” ¿Por qué esta aclaración? Porque es común que los jóvenes hagan locuras, “¡total… (se piensa erróneamente) tienen toda la vida por delante!” Es común que los jóvenes actúen por impulso, sin pensar en consecuencias y caigan en desenfrenos que los pueden llevar a grandes padecimientos.
En Proverbios 23.29-35 hay una descripción vívida de lo que acontece en la vida de aquellos que tienen el vicio del alcohol arraigado. Dice: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino… No mires al vino cuando rojea… se entra suavemente mas al fin como serpiente morderá y como áspid dará dolor.
Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades. Serás como el que yace en medio del mar o como el que está en la punta de un mastelero. Y dirás me hirieron mas no me dolió; me azotaron mas no lo sentí. Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.” Las consecuencias de la
adicción al alcohol es dolor, tristeza, peleas, heridas. Las advertencias son: “no te dejés tentar por la atracción del vino”, “entra con mucha sutileza, como una avivada que después sale cara,” “produce alucinaciones,” “es traicionero, peligroso,” “te hace sentir en las nubes pero es un escapismo,” “te quita sensibilidad en el cuerpo,” “produce una depencia destructiva.”
Quizá conozcas a alguien en esta situación. Quizá en tu entorno hay quienes consumen una importante cantidad de vino o cerveza. Quizá usted padezca este mal desde joven, o seas un joven al que sus amigos llamarían tonto si no tomás, o estás a punto de ceder a esta tentación.
Sin embargo, ten en claro, que sólo la dependencia a Cristo es una dependencia sana, liberadora, que realmente forja una identidad saludable y que ayuda a superar las flaquezas y debilidades.
Si aún no le diste el control de tu vida a Cristo, este es el momento. Si ya lo hiciste y te cuesta dominar la tentación, es tiempo de orar más intensamente y confiar en el poder sanador y restaurador de Dios.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
¡Basta de pálidas!
28 de Julio, 2010
Sección: El Mero Fondo
¿Cuál es el motivo por el que el periodismo se presta a exaltar la mala noticia? ¿No son conscientes que esta valoración de las cosas marca el rumbo de nuestra sociedad? ¿Qué tipo de emociones despierta la mala noticia? ¿Cuándo jerarquizarán a las buenas noticias?
Los desastres, el robo y las transgresiones de todo tipo suelen ser tapa de diarios y revistas. Y si ocasionalmente hubo alguna persona que se destacó por su conducta, no faltan los que buscan o provocan alguna situación que difame al personaje en cuestión.
¿Qué pasa con los medios de comunicación? ¿No comprenden que son formadores de opinión? ¿A quiénes sirven? ¿No debería ser su función independiente de los poderes de turno? ¿La libertad de prensa no implica también prestar atención a las conductas sanas y re-jerarquizar las buenas noticias?
La labor periodística es una tarea de mucha responsabilidad. Consiste básicamente en informar acerca de hechos o acontecimientos referentes a la realidad de todos los días. Pero, obviamente, uno de los temas de discusión es si se puede ser objetivo en esta tarea. Como en todo acontecer humano, es muy difícil ser absolutamente objetivo. Cuando se relata un hecho, se lo comenta, se le pone un ingrediente, se sacan detalles, se resaltan otros, aunque no haya una intencionalidad explícita.
Si algo sucede en la calle y varias personas fueron testigos del hecho, vamos a tener del mismo e idéntico suceso diferentes versiones o matices de lo ocurrido. Cuando leemos los evangelios (evangelio significa buena noticia) tenemos un ejemplo de esto. Los evangelios (o buenas noticias que se hallan en la Biblia) nos muestran cómo el nacimiento, ministerio, muerte y resurrección de Cristo fueron relatados por cada evangelista con matices y énfasis significativos en cada uno. Alguno privilegia más una etapa o determinados discursos de Jesús, otro hace un relato más equilibrado, cuidando de proveer al lector datos precisos históricos. En otro, encontramos pasajes únicos y el relato de señales del poder de Dios muy bien seleccionados.
¡Qué parecido al relato de los hechos que deben hacer los periodistas! Cada autor de la Biblia selecciona una forma de comunicar un mensaje basado en hechos contundentes, reales y dignos de ser tomados en cuenta.
Jesús encarnaba y proclamaba una buena noticia, la noticia de un Dios misericordioso que se acerca al ser humano para atender sus necesidades más íntimas. Dios sabe cuánto la gente necesita ser partícipes de buenas noticias.
Jesús fue un comunicador de un mensaje que no sólo consistía en palabras sino que se encarnaba en su propia vida. Él mismo anuncia el sentido y propósito de su nacimiento y ministerio de la siguiente manera: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. A predicar el año agradable del Señor…” (Lucas 4.18).
Verdaderamente, las buenas noticias traen gozo, ánimo, distienden, descontracturan, traen equilibrio emocional, que se hacen evidentes en el espíritu y en el cuerpo. Las buenas noticias son un refrigerio y son deseadas por las personas.
Y aunque las personas necesitan de buenas noticias, ¿cuál es el motivo por el que los medios de comunicación dan tanta importancia a la mala noticia?
La labor periodística podría ser más abarcativa, dado que la realidad es mucho más rica de lo que se nos presentan en los medios de comunicación. Aunque es cierto, la presión del entorno, a veces, va llevando a resaltar más lo negativo. Los medios están saturados de conflictos, disturbios, discusiones, guerras y catástrofes. Finalmente, es una bola de nieve cada vez más grande, que arrasa con la esperanza, se lleva los deseos de progreso, de proyecto, da por tierra con los valores que dan sentido y propósito a la vida. La gente cada vez está más descreída, desganada, desencajada, desengañada, desprotegida, desquiciada, desorientada y todos los “des” que se nos ocurra.
La mente necesita renovarse, ubicarse en todos los aspectos de la realidad, no sólo en los negativos y destructivos sino también en los positivos y edificantes. Dios es buena noticia en la persona de Jesucristo, en medio de las luchas y sinsabores de la vida cotidiana. De hecho, el texto de Lucas 4.18, que leímos hace unos momentos, habla de pobres (aludiendo a los carenciados material y espiritualmente), habla de quebrantados, habla de discapacitados (físico, emocional o espiritualmente), habla de cautivos. Pero en medio de las carencias, las desgracias, las limitaciones, las prisiones, actúan las buenas noticias de la provisión, del consuelo, de la libertad, de la restauración en Jesucristo.
Dios propone un plan donde en medio de malas noticias se pueda ver una salida, una esperanza, un propósito para la vida. Las buenas noticias iluminan el alma, dan una perspectiva distinta a lo negativo, dan gozo, alegría, ánimo, deseos de vivir y de luchar porque no todo está perdido. Y
así como el desánimo es contagioso, el ánimo también lo es. Sin negar la realidad, pero poniendo en perspectiva lo malo, generando actitudes sanas, ayudando a pensar en alternativas.
El mundo en el que nació Jesús no era mejor que el de hoy. Había discriminaciones muy marcadas de status económico, religioso; había marginados, desvalidos, injusticia, opresión económica. Pero allí, en ese mundo de tinieblas resplandecía la gloria de Dios. Esta era la buena noticia. Hoy también las personas necesitan saber de buenas noticias y necesitan saber que en este mundo de tinieblas la luz de Cristo quiere resplandecer en sus vidas y ayudarles a mejorar su calidad de vida.
En Lucas 2.8-12 dice: “Había pastores en la región… Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor resplandeció… Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo el Señor…” Nuestra ciudad, cada ciudad de nuestro país y el mundo necesitan captar esta verdad trascendental para sus vidas. Notemos que el ángel dice: “os doy nuevas de gran gozo.” Las buenas noticias, la buena noticia de Jesucristo trae gozo al corazón quebrantado de las personas.
Quizá pensemos que sólo aquí se hace este énfasis. Leamos por otro lado Proverbios 15.30, allí dice lo siguiente: “La luz de los ojos alegra el corazón, y la buena nueva conforta los huesos.” Pero, también, en Proverbios 13.17, en la Biblia se advierte lo siguiente: “El mal mensajero acarrea desgracia; Mas el mensajero fiel acarrea salud.” Y si seguimos investigando, encontramos en Proverbios 25.13: “Como frío de nieve en tiempo de siega, así es el mensajero fiel a los que lo envían; pues al alma de su señor da refrigerio.” Y por si quedan dudas, en Proverbios 25.25, Dios expresa los beneficios de una buena noticia con otra comparación: “Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras”.
Nuestra ciudad, nuestro entorno, necesita la buena noticia de un Dios misericordioso y cercano que sea proclamado por sus hijos, para que su gloria se manifieste en cada vida, en cada familia, en cada barrio, en cada ciudad, en cada país. ¡Anímese a comunicar esta buena noticia! ¡No se
enganche en el malestar que provocan las malas noticias de cada día! ¡Siempre hay algo que puede alegrar su corazón! ¡Más aún si su confianza está puesta en Dios, en su obrar poderoso y transformador!
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
¿Adictos a la televisión?
23 de Julio, 2010
Sección: El Mero Fondo
Hay quienes llaman a esta adicción “televisitis” o “televiciosis.” Aunque cueste creerlo, muchas veces comienza en los primeros meses de vida, cuando los adultos observan cómo el bebé responde a las imágenes y sonidos, cómo baila al compás de una melodía, cómo se “entretiene” con los dibujos animados.
Una vez que el niño es introducido en este ritmo es muy difícil sacarlo de él. Lo cual al principio parece inofensivo, pero cada vez más el niño organiza su vida de acuerdo a la programación. Los padres ven que se “tranquiliza” y se mantiene quieto por un tiempo razonable.
Lo cierto es que la televisión estimula ciertos sentidos, en especial el visual y el auditivo. La actitud al mirar televisión es más bien pasiva y no reflexiva. Se tiene escaso contacto con necesidades más profundas, con la capacidad creadora, imaginativa, lúdica.
Cuando se extralimita el uso de la televisión, un niño comienza a vivir la vida de otros (la de los personajes de la televisión), anulando su capacidad reflexiva y creativa. Se ha encontrado en terapia de niños que hay un perfil característico en aquellos que poseen adicción a la televisión: inhibidos, se aburren enseguida, prestan poca atención o ninguna a los juguetes, tienen serios problemas para concentrarse en el juego o sus tareas escolares, tienen preponderancia a asumir actitudes pasivas frente a la realidad, necesita que “otros” lo entretengan, no delimitan realidad de fantasía.
Hay un libro y película llamado “Desde el jardín” que justamente muestra cómo el personaje que nunca había enfrentado el mundo exterior, se vincula con los demás a través de lo que veía y escuchaba en la televisión.
El abuso en mirar televisión trae consecuencias físicas porque el cuerpo está inmóvil durante mucho tiempo. Las emociones no tienen adecuada descarga, a veces se incrementa la ansiedad que despierta voracidad por determinados alimentos. La mente trabaja a mil con la variedad de imágenes y agudeza de los sonidos. Se adormece el espíritu porque no se incentiva la reflexión. Sin contar con que el niño, el joven o el adulto, puede pasar más tiempo con la máquina que relacionándose con personas. Es importante también enfatizar que la televisión es perjudicial por dos vías: por un lado, por el contenido de la programación, cuando ya no es selectiva; y por otro lado, porque promueve la pasividad hasta el punto extremo.
Si se mira televisión deben ser pocas horas en el día, no arrojar a los niños en los brazos de ella .Es necesario que siempre haya un adulto acompañando, explicando y en oportunidades alentando a cambiar de canal o apagar si no hay nada interesante.
El apóstol Pablo nos alienta, en Romanos 12.2, diciendo: “No se conformen a este siglo, sino transfórmense por medio de la renovación de su entendimiento, para que comprueben la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Asimismo, en Efesios 4.23, el apóstol insiste: “…renuévense en el espíritu de su mente…” Una mente renovada puede ir más allá de los esquemas, puede recrear su mundo interior, puede buscar a Dios con libertad.
Anímese a dosificar la televisión en su casa. Cuando compartan algún programa hablen sobre el tema, reflexionen. Alienten a sus hijos a tener más tiempo de juego, lectura, dibujar, modelar, construir, inventar historias delimitando bien la realidad de la fantasía. Estaremos forjando mentes lúcidas, ágiles, creativas. Estaremos permitiendo que se desarrollen mejor físicamente, que coman mejor, que duerman mejor. Estaremos dándoles espacio para lo trascendente, para que dialoguen, pregunten, expresen sus sueños, angustias y ansiedades. Que Dios nos bendiga en este propósito.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
Consumidos por el consumismo
16 de Julio, 2010
Sección: El Mero Fondo
¿Alguna vez escuchaste a alguien decir?…… ¡Necesito comprar, ésto sí o sí! ¡Fulano se compró tal cosa y yo también podría tenerla! ¡Tengo mucha ropa pero para esta ocasión no me combina nada! ¡El modelo que compré hace un año ya es viejo, tengo que cambiarlo! ¡Si no me alcanza para todo saco una tarjeta de crédito!.
Quizá no se le de importancia a estas y otras frases similares que a diario se dicen o escuchan. Pero el consumismo es un sistema de vida donde lo principal es tener. No se termina de adquirir algo, para lo cual a lo mejor se ahorró por mucho tiempo, y cuando se quiere acordar ya hay modelos más avanzados.
Bien dice en Eclesiastés 1.8: “Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar: nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”. Es una carrera constante, interminable. Y no sólo afecta a aquellos que de una manera u otra pueden acceder a ciertas cosas, sino a aquellos que no tienen el poder adquisitivo suficiente y viven frustrados y deprimidos.
La época en que Jesús expresó las siguientes palabras no era muy diferente a la de ahora. Jesús dijo, en Mateo 6.25, 32-34: “No se preocupen por su vida, qué han de comer o que han de beber… mas busquen primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas les serán añadidas”. Así que, no se preocupen por el día de mañana porque el día de mañana traerá su propia ocupación.
Notemos que apunta a varios flancos en forma puntual: apunta a necesidades básicas y primarias como la comida, bebida, vestimenta; a dejar de lado una actitud de vida desgastante como la preocupación diaria; a descansar en Él; a disfrutar lo bueno de cada día, como consecuencia de la fe en Él; a transformar la ansiedad en confianza; apunta a confiar en un Dios conocedor de nuestras necesidades, que no está distraído ni se desentiende; a enfocar la vida desde una búsqueda espiritual; a ordenar las prioridades de manera que la relación con Dios sea lo primero.
Detrás del consumismo las personas paradójicamente se despersonalizan, se enajenan, pasan a estar preocupados por tener, más que por ser. Esto que a lo mejor suena raro, provoca muchos casos de depresión en la actualidad.
Tener es un término que siempre lleva al sentido de poseer, al sentido de propiedad.
Hasta para cuestiones muy profundas se usa el término tener y no ser. Por ejemplo: tengo una familia, en lugar de somos una familia. En realidad, no tenemos, no poseemos a las personas, somos personas junto a otros seres a los cuales amamos.
Cuando se puede trabajar con el ser estamos hablando de una forma diferente de existir y de construir la identidad. Estamos hablando de sentirse vivo, de existir y no simplemente de tener vida.
No se trata de negar necesidades, de vivir en la estratósfera o pensar que se debe vivir del aire. Se trata más bien de cruzar la vereda, pararse en otro punto, ver otra perspectiva, como dice el apóstol Pablo en Colosenses 3.2: “Pongan la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra”. Pongan el énfasis en lo trascendente, en aquello que apunte al ser, ser hijos de Dios para ver lo terrenal con otros ojos, no para tener los ojos vendados.
Cuando el énfasis es tener no se levanta la vista del suelo, la preocupación agobia, el estrés y la sensación de derrota que se vive a diario tiran abajo el ánimo. Dios quiere que cubramos las necesidades que como seres humanos tenemos y estas necesidades no siempre son estrictamente materiales.
El apóstol Juan hace un llamado a vivir con la perspectiva adecuada. Dice en 1 Juan 2.16-17: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no proviene del Padre (Dios), sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.
No se deje consumir por el consumismo, eleve su mirada, busque a Dios en primer lugar, ponga sus necesidades en las manos de Dios, no corra detrás del viento.
Usted no es de acuerdo a lo que tiene. Usted es una persona más allá de lo que tiene, su identidad se completa en su relación con Dios, la forma más plena de existir.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio
“Muy pocos valoran la quietud”
5 de Julio, 2010
Sección: El Mero Fondo
¿Notó que hay personas que “siempre están ocupadas” cuando se las busca?. ¿O que atienden a sus interlocutores “sólo por unos minutos,” porque no disponen de tiempo?
Cada vez más, sea por aceleración o snobismo, hay personas que no saben apartar un tiempo quieto para sí mismos o para compartir con otros.
El ritmo de vida en el que estamos sumergidos suele descentrarnos de nosotros mismos. Y la tendencia es buscar lugares muy concurridos donde el ruido y la música llenan el ambiente, el movimiento de gente es permanente evitando el silencio y el andar más relajado.
La quietud es menospreciada por la mayoría de las personas.
Todo pasa tan rápido, cuanto más instantáneo es algo, mejor… Tenemos café instantáneo, sopas, puré, fotos, relaciones interpersonales instantáneas, pasajeras.
Todo va a un ritmo que muchas veces ni siquiera se puede saborear o disfrutar más a fondo. Mucha gente asocia el estar permanentemente activos y ocupados, con cierto aire de importancia.
¡¿Estar quietos?!… Eso es para enfermos y ancianos.
De hecho, hay personas que la única forma que encuentran para frenar, es cuando se enferman.
Siempre hay que hacer algo. Hacer es la palabra clave.
Hasta en la relación con Dios, se sabe que hay que descansar en Él, pero… hay que hacer algo.
Cuando Jesús dice en Mateo 11.18: “Venid a mí todos los que están trabajados y cargados y yo os haré descansar…” suena tan raro, tan atípico.
Convengamos que cuando se descansa en Dios, hasta lo que se hace es relajante porque no son movimientos a tientas y a locas, sino acciones guiadas y confirmadas por Dios.
Dice en Isaías 30.15-16: “…En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. “Y no quisisteis”…” Dios propone quietud para ser testigos de su salvación, pero la reacción es: “¡No…!, yo voy a hacer lo que me parece bien.”
De igual manera, Dios apela en el salmo 46.10: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” Es algo parecido, a cuando a usted le quieren sacar una foto, y para que salga bien, el fotógrafo dice: “por favor si quiere que la foto salga bien… no se mueva.” Cuando Dios quiere hacer algo importante y trascendente en nuestra vida, dice: “por favor, quédese quieto, porque si no, sus acciones pueden desmerecer la perfección de lo que Yo quiero hacer.” Y este estado de quietud, no es inmovilidad, es un estado de quietud activa, donde se da lugar a la observación, al asombro, a la reflexión, a la espera activa, expectante a que el panorama se abra, para avanzar.
Dice en 2ª Crónicas 20.15: “…No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” Y en 2 Crónicas 20.17, dice: “No habrá para que peleéis vosotros en este caso; “paraos, estad quietos”, y ved la salvación del Señor con vosotros… no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque el Señor estará con vosotros…” Esta recomendación de parte de Dios, que acabamos de leer en la Biblia, vino a raíz de que uno de los protagonistas de esta historia “…humilló su rostro para consultar al Señor…” Dios le hizo valorar la quietud, invirtiendo tiempo quieto en oración, de humillación y petición por las necesidades. Una gran multitud avanzaba injustamente contra él y el Señor respondía: “la guerra no es tuya déjame a mí.” Y cuando fue oportuno avanzar, también se los dijo, pero fue un avance estratégico, no fueron manotazos de ahogado. Y, entonces, tuvieron victoria al punto de estar tres días para recoger el botín.
Dios quiere hacer lo mismo hoy con nosotros. La multitud de conflictos pueden asustar, confundir y pensar “algo tengo que hacer”. Pero no intente ayudar a Dios ni defenderlo. Él se basta solo. Deje que Él le ayude, le guíe y lo defienda frente a la multitud de problemas que le están invadiendo.
Consulte a Dios en quietud, humíllese delante de Él, repose, descanse en el poder de Dios, confíe verdaderamente en Él. “Confíe en Él”. Búsquelo en oración, conózcalo a través de la lectura de su Palabra.
¡Compruebe la eficacia y el valor del tiempo quieto y de descansar en Dios!
Ptor. Juan César D’Ambrosio
http://www.facebook.com/juancesar.dambrosio
¿Qué hacemos con el enojo?
2 de Julio, 2010
Sección: El Mero Fondo
Las emociones forman parte de la vida humana. El enojo, en este tiempo, está ocupando un lugar preponderante en nuestra sociedad.
¿Cómo definiría usted a esta emoción? Quizá sea una de las más incómodas…
¿Ha notado que el enojo se está transformando en una emoción muy popular en nuestros días?, a través de la cual se manifiesta la insatisfacción o el malestar que algo nos provoca. Muchos justifican su mal humor, porque se supone que algo les afectó y cambió su estado de ánimo.
¿Cuál es el límite del enojo? ¿Se debe justificar esta emoción o es necesario desecharla? El hecho es que, en un momento determinado, irrumpe en la vida del ser humano. El enojo, básicamente, es una expresión de disgusto, de insatisfacción, causada por una frustración. La frustración proviene de un deseo que no ha sido satisfecho. Generalmente, el enojo forma parte de lo que normalmente se llama: “mal humor.” A veces se detecta la causa del malestar y otras es un estado generalizado, donde “es todo y no es nada”.
Es difícil manejar el enojo, es difícil controlar el enojo. Como todas las emociones negativas, se parece a esas cosas que están en casa, con las que siempre se tropieza y no se sabe dónde ponerlas. El apóstol Pablo describe muy bien el conflicto interior del ser humano cuando hace lo que no quiere. Dice en Romanos 7.15: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco eso hago”. El apóstol Pablo, tal como fue expresado, describe el conflicto interior que se produce cuando el ser humano da rienda suelta a pensamientos, sentimientos o acciones que deshonran a Dios.
Cuando las personas se enojan, cuando están de mal humor, dañan “sin querer” aún a sus seres más queridos. El agravante en todo esto, es que el malestar producido por una persona es descargado por desplazamiento en otra. En otras palabras, la insatisfacción en un ámbito, por ejemplo, el trabajo, puede trasladar el enojo al ámbito familiar.
El enojo arrastra pensamientos, palabras y acciones cargados de agresión hacia los demás. En Proverbios 14.17 encontramos una advertencia en este sentido: “El que fácilmente se enoja hará locuras…” Aquí hay una clave: la palabra “fácilmente.” Esta indica, que si una persona puede tener bajo control esos primeros instantes donde el enojo y la ira invaden su ser, podrá actuar más prudentemente. Por eso, en el libro de Santiago, capítulo 1, versículos 19-20 dice: “…todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.
Nuevamente encontramos la orientación segura: no enojarse fácilmente, estar pronto a oír, tardar en hablar y enojarse porque al conducirse con ira uno no va a ser instrumento de justicia para Dios.
Hay una exhortación muy clara en Eclesiastés, en el capítulo 7, versículo 9, donde dice: “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.” Parece que, una vez más, la advertencia es: “no se apure a enojarse.”
¿Se acuerda cuándo en broma se dice “contá hasta cien antes de enojarte”? En términos bíblicos, parafraseando la Palabra de Dios, el equivalente sería: “Cuando algo conmueve tus entrañas y sentís que te va a salir humo por la boca, orá en silencio, pedí a Dios que controle tu mente, tus emociones y acciones.”
¿Cuáles son tus puntos débiles? ¿Cuáles son las situaciones que despiertan tu ira, tu enojo?
Piense en las personas que suelen salir afectadas a menudo, cuando el enojo se instala en su mente y su corazón. La recomendación en la Palabra de Dios en Efesios 4.26 y 31 es: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo… Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”. La Palabra de Dios pone un límite de calidad y de tiempo al enojo.
El límite de calidad, es que el descontrol no le lleve a pecar, no le lleve a hacer algo que lo aleje de su prójimo. El límite de tiempo es que se lo saque cuanto antes de encima, como quien se saca con asco una cucaracha de la ropa que tiene puesta. La Biblia aclara cuál es el riesgo de no hacerlo así. En Hebreos 12.15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados…”
El enojo instalado tiene muchos riesgos: crece la amargura, estorba, contamina a otros, aleja del amor de Dios y muchas veces, el enojo se traslada a Dios.
Dispóngase a trabajar sobre esta emoción tan desagradable, tan difícil de manejar o controlar, tan peligrosa, que afecta la relación con los demás y con Dios. Pídale ayuda a Dios, en oración, para que tome control de su espíritu, pensamientos, emociones y voluntad. Aprenda a expresar su desagrado e insatisfacción de maneras más creativas y socializadas. Que además de una reacción, aporte una solución al problema en lugar de crear uno nuevo. Recuerde, otro planteo de la Palabra de Dios, en Proverbios 15.13: “El corazón alegre hermosea el rostro…”
“Ruegue a Dios que le ayude a superar esta emoción”.
Que el enojo no le robe la oportunidad de disfrutar buenos momentos, junto a sus seres queridos.
Ptor. Juan César D’Ambrosio
http://www.facebook.com/juancesar.dambrosio
El desafío de lo desconocido es…
29 de Junio, 2010
Sección: El Mero Fondo

El desafío de lo desconocido es, en realidad, un llamado a nuevas oportunidades. Indicábamos esto a la luz de nuestro texto lema para este año, que dice: “… pónganse en marcha detrás de [él]. Así sabrán por dónde ir, pues nunca antes han pasado por ese camino” (Jos. 3.3b-4a).
Junto con la necesidad de aprovechar al máximo las oportunidades que el Señor nos presente en nuestro futuro desconocido, es importante también tomar en cuenta lo que leemos en Josué 3.5: “Josué le ordenó al pueblo: ‘Purifíquense, porque mañana el Señor va a realizar grandes prodigios entre ustedes’.” Estas palabras fueron nuestro texto lema como institución en 2007, y entonces nos resultaron de gran bendición.
Estas palabras inspiradas nos recuerdan que, frente al desafío de marchar en pos del Señor por el camino a lo desconocido, debemos tener presente que para hacerlo triunfalmente es necesaria la consagración de la vida al Señor. La consigna es “purifíquense.” Esta purificación o santificación significa apartar para el servicio de Dios nuestras vidas. Como señala el apóstol Pablo en 2 Timoteo 2.21: “Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.”
Alguien ha dicho que el mundo está esperando ver lo que Dios puede hacer a través de una persona enteramente dedicada a él. Esto es también cierto respecto de una comunidad de estudio y formación ministerial como la nuestra. Epicteto señalaba: “Haz uso de mí en el futuro como tú quieras. Estoy de acuerdo contigo; soy uno contigo. No rechazo nada que a ti te resulte bueno. Condúceme más profundamente a dónde tú quieras. Vísteme con el ropaje que tú quieras.”
En definitiva, a la hora de evaluar cualquier emprendimiento humano, son los valores que están en juego los que definen su efectividad. Podemos alcanzar los niveles académicos más altos y conseguir el reconocimiento público más preciado, pero si fracasamos en ser y actuar como una comunidad verdaderamente cristiana, habremos echado todo a perder. Nuestro compromiso personal y comunitario con el reino de Dios es lo que le da identidad y sentido a nuestros esfuerzos por cumplir con la misión que el Señor nos ha asignado. En la Biblia, generalmente somos llamados a “ser” más que a “hacer”. Dios no nos llama a hacer santidad sino a “ser santos”, no espera que hagamos justicia sino que “seamos justos”, no quiere que hagamos la paz sino que “seamos pacificadores”. Ser el tipo de personas y comunidad que nuestro Señor desea que seamos sólo puede lograrse con una dedicación y consagración plena al señorío de Cristo en nosotros. Para ello, será necesario que cambiemos cada día y crezcamos hasta la estatura de aquel que nos llamó. ¡Marchemos hacia el cambio!

Dr. Pablo A. Deiros SITB Seminario Teológico Internacional Bautista



