Escuchando la voz de Dios

1 Reyes 19: 1-13

“Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

Cuantas veces nos sentimos identificados por los personajes bíblicos, generalmente sus debilidades y dificultades se parecen, a pesar de miles de años de distancia, el hombre sigue siendo hombre, sintiendo y sufriendo las mismas cosas.
Cueva Elías Escuchando la voz de DiosEste pasaje, que seguramente muchas veces habrán leído, es un ejemplo de esto. En el capítulo 18 se menciona que Elías se enfrenta a 450 sacerdotes de Baal y los reta para que se decida quién es Dios sobre Israel. Todos conocemos la historia, Dios se manifiesta y Elías mata a los 450 sacerdotes en una de las victorias más grandes de toda su vida. Sin embargo, luego de esta victoria grandiosa y manifestación poderosa de Dios, donde Elías debe haber pensado ¡listo! ¡Se terminó!, llega un mensajero y le dice que la reina Jezabel busca matarlo. Podríamos pensar que con su nivel de adrenalina y la manifestación espiritual, Elías tendría que haber dicho “aquí la espero, podrán venir ejércitos que el Señor me defenderá”. No obstante, vemos que el profeta, teme y huye más de 500 kilómetros por el temor que una reina provocaba en él.
Lo interesante en estos pasajes es ver que Dios en vez de reprochar la falta de fe de Elías, y en vez de confrontarlo, lo instruye con amor. ¡¡Dios le prepara un desayuno a Elías 2 veces!! ¡Qué muestra de amor de Dios hacia el profeta!, pero no queda allí: Dios le habla a Elías en el verso 9 y le pregunta “¿qué estás haciendo ahí?”. Dios sabía que estaba haciendo ahí, pero quería que Elías reflexionara; y el profeta contesta parafraseado por mí: “Señor, te amo más que todo pero todo Israel se olvido de ti, de tu pacto y de tus mandamientos, y yo soy el único que sigo en pie pero también a mi quieren matarme”. Y lo que viene a continuación es una de las muestras más grandes de Dios en todo el Antiguo testamento; Dios le muestra a Elías quien es Dios y como actúa.
Elías esperaba que luego de esa manifestación en el monte Carmelo, Dios destruyera a todos sus enemigos y todo concluiría, pero ve que la reina Jezabel sigue siendo poderosa y no tiene temor de Dios. Elías está confundido y temeroso, sabe quién es Dios pero no entiende porque no destruye a Jezabel y a Acab y termina con toda esa maldad. Dios en este pasaje le muestra a Elías que él es poderoso tanto como un viento recio, como un terremoto y un fuego que lo consume todo, pero que Dios está en un suave murmullo. Elías entendió lo que Dios quería explicarle. Cuántas veces esperamos que Dios actúe y obre maravillosamente a la forma de ver nuestra; queremos que señales poderosas se nos presenten delante de nosotros, y aún no entendemos que Dios no trabaja de esa manera; Él espera una completa dependencia de nosotros.

Cuántas veces nos pasó que queremos escuchar un murmullo o alguien que habla muy bajo en medio de muchas distracciones. La única forma de hacerlo es prestando mucha atención, desestimar a las demás cosas hasta anularlas, y aún así requiere una constante decisión de no distraernos y seguir escuchando. Y Dios espera que le sigamos de esa manera, constantemente poniendo nuestros oídos y nuestra voluntad para escuchar su voz. Cuando Abram sale de Ur, de su parentela, de toda su familia, si alguien le preguntaba a donde se dirigía, Abram hubiera dicho, no lo sé, Dios me va a ir mostrando el camino.

Dios quiere que dependamos de Él a cada momento, a cada instante. Dios podría haber destruido a Acab y a Jezabel, Dios podría actuar maravillosamente en cada una de tus situaciones, sin embargo, Dios está en el murmullo apacible, en lo imperceptible, porque mas allá de ser un solucionador de problemas, Él desea amarte y tener una relación con vos, fundada en la dependencia y la cotidianidad.

Fabri Caroprese

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