¡Basta de pálidas!
28 de julio, 2010
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Sección: El Mero Fondo
¿Cuál es el motivo por el que el periodismo se presta a exaltar la mala noticia? ¿No son conscientes que esta valoración de las cosas marca el rumbo de nuestra sociedad? ¿Qué tipo de emociones despierta la mala noticia? ¿Cuándo jerarquizarán a las buenas noticias?
Los desastres, el robo y las transgresiones de todo tipo suelen ser tapa de diarios y revistas. Y si ocasionalmente hubo alguna persona que se destacó por su conducta, no faltan los que buscan o provocan alguna situación que difame al personaje en cuestión.
¿Qué pasa con los medios de comunicación? ¿No comprenden que son formadores de opinión? ¿A quiénes sirven? ¿No debería ser su función independiente de los poderes de turno? ¿La libertad de prensa no implica también prestar atención a las conductas sanas y re-jerarquizar las buenas noticias?
La labor periodística es una tarea de mucha responsabilidad. Consiste básicamente en informar acerca de hechos o acontecimientos referentes a la realidad de todos los días. Pero, obviamente, uno de los temas de discusión es si se puede ser objetivo en esta tarea. Como en todo acontecer humano, es muy difícil ser absolutamente objetivo. Cuando se relata un hecho, se lo comenta, se le pone un ingrediente, se sacan detalles, se resaltan otros, aunque no haya una intencionalidad explícita.
Si algo sucede en la calle y varias personas fueron testigos del hecho, vamos a tener del mismo e idéntico suceso diferentes versiones o matices de lo ocurrido. Cuando leemos los evangelios (evangelio significa buena noticia) tenemos un ejemplo de esto. Los evangelios (o buenas noticias que se hallan en la Biblia) nos muestran cómo el nacimiento, ministerio, muerte y resurrección de Cristo fueron relatados por cada evangelista con matices y énfasis significativos en cada uno. Alguno privilegia más una etapa o determinados discursos de Jesús, otro hace un relato más equilibrado, cuidando de proveer al lector datos precisos históricos. En otro, encontramos pasajes únicos y el relato de señales del poder de Dios muy bien seleccionados.
¡Qué parecido al relato de los hechos que deben hacer los periodistas! Cada autor de la Biblia selecciona una forma de comunicar un mensaje basado en hechos contundentes, reales y dignos de ser tomados en cuenta.
Jesús encarnaba y proclamaba una buena noticia, la noticia de un Dios misericordioso que se acerca al ser humano para atender sus necesidades más íntimas. Dios sabe cuánto la gente necesita ser partícipes de buenas noticias.
Jesús fue un comunicador de un mensaje que no sólo consistía en palabras sino que se encarnaba en su propia vida. Él mismo anuncia el sentido y propósito de su nacimiento y ministerio de la siguiente manera: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. A predicar el año agradable del Señor…” (Lucas 4.18).
Verdaderamente, las buenas noticias traen gozo, ánimo, distienden, descontracturan, traen equilibrio emocional, que se hacen evidentes en el espíritu y en el cuerpo. Las buenas noticias son un refrigerio y son deseadas por las personas.
Y aunque las personas necesitan de buenas noticias, ¿cuál es el motivo por el que los medios de comunicación dan tanta importancia a la mala noticia?
La labor periodística podría ser más abarcativa, dado que la realidad es mucho más rica de lo que se nos presentan en los medios de comunicación. Aunque es cierto, la presión del entorno, a veces, va llevando a resaltar más lo negativo. Los medios están saturados de conflictos, disturbios, discusiones, guerras y catástrofes. Finalmente, es una bola de nieve cada vez más grande, que arrasa con la esperanza, se lleva los deseos de progreso, de proyecto, da por tierra con los valores que dan sentido y propósito a la vida. La gente cada vez está más descreída, desganada, desencajada, desengañada, desprotegida, desquiciada, desorientada y todos los “des” que se nos ocurra.
La mente necesita renovarse, ubicarse en todos los aspectos de la realidad, no sólo en los negativos y destructivos sino también en los positivos y edificantes. Dios es buena noticia en la persona de Jesucristo, en medio de las luchas y sinsabores de la vida cotidiana. De hecho, el texto de Lucas 4.18, que leímos hace unos momentos, habla de pobres (aludiendo a los carenciados material y espiritualmente), habla de quebrantados, habla de discapacitados (físico, emocional o espiritualmente), habla de cautivos. Pero en medio de las carencias, las desgracias, las limitaciones, las prisiones, actúan las buenas noticias de la provisión, del consuelo, de la libertad, de la restauración en Jesucristo.
Dios propone un plan donde en medio de malas noticias se pueda ver una salida, una esperanza, un propósito para la vida. Las buenas noticias iluminan el alma, dan una perspectiva distinta a lo negativo, dan gozo, alegría, ánimo, deseos de vivir y de luchar porque no todo está perdido. Y
así como el desánimo es contagioso, el ánimo también lo es. Sin negar la realidad, pero poniendo en perspectiva lo malo, generando actitudes sanas, ayudando a pensar en alternativas.
El mundo en el que nació Jesús no era mejor que el de hoy. Había discriminaciones muy marcadas de status económico, religioso; había marginados, desvalidos, injusticia, opresión económica. Pero allí, en ese mundo de tinieblas resplandecía la gloria de Dios. Esta era la buena noticia. Hoy también las personas necesitan saber de buenas noticias y necesitan saber que en este mundo de tinieblas la luz de Cristo quiere resplandecer en sus vidas y ayudarles a mejorar su calidad de vida.
En Lucas 2.8-12 dice: “Había pastores en la región… Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor resplandeció… Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo el Señor…” Nuestra ciudad, cada ciudad de nuestro país y el mundo necesitan captar esta verdad trascendental para sus vidas. Notemos que el ángel dice: “os doy nuevas de gran gozo.” Las buenas noticias, la buena noticia de Jesucristo trae gozo al corazón quebrantado de las personas.
Quizá pensemos que sólo aquí se hace este énfasis. Leamos por otro lado Proverbios 15.30, allí dice lo siguiente: “La luz de los ojos alegra el corazón, y la buena nueva conforta los huesos.” Pero, también, en Proverbios 13.17, en la Biblia se advierte lo siguiente: “El mal mensajero acarrea desgracia; Mas el mensajero fiel acarrea salud.” Y si seguimos investigando, encontramos en Proverbios 25.13: “Como frío de nieve en tiempo de siega, así es el mensajero fiel a los que lo envían; pues al alma de su señor da refrigerio.” Y por si quedan dudas, en Proverbios 25.25, Dios expresa los beneficios de una buena noticia con otra comparación: “Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras”.
Nuestra ciudad, nuestro entorno, necesita la buena noticia de un Dios misericordioso y cercano que sea proclamado por sus hijos, para que su gloria se manifieste en cada vida, en cada familia, en cada barrio, en cada ciudad, en cada país. ¡Anímese a comunicar esta buena noticia! ¡No se
enganche en el malestar que provocan las malas noticias de cada día! ¡Siempre hay algo que puede alegrar su corazón! ¡Más aún si su confianza está puesta en Dios, en su obrar poderoso y transformador!
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio






