¿Por qué atrae tanto el chisme?
8 de septiembre, 2010
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Sección: El Mero Fondo
El chisme atrae porque es comunicado en forma simpática. El que lo escucha es cautivado por la información que recibe. Dice en Proverbios 18.8: “Las palabras del chismoso son como bocados suaves que penetran hasta las entrañas”. El ingenuo, que se presta a escuchar, permite que el chisme entre en su vida, hasta lo más profundo, siendo contaminado por una actitud que desagrada a Dios.
Esto se agrava, cuando el chismoso daña las relaciones interpersonales. Dice en Proverbios 16.28: “El hombre perverso promueve contienda y el chismoso separa a los mejores amigos”. Por un lado, el objetivo del chisme, es sembrar discordia, disensión entre las personas. El objetivo del chismoso es generar malestar con el prójimo.
El chismoso jamás va a reconocer èsto, lo que cuenta, según él, es para el bien del que escucha, para no ocultar la verdad (que es la verdad del chismoso, que generalmente es una media verdad, propio de una conducta influida por el enemigo de Dios, especialista en disfrazar la verdad, quien es padre de mentira).
Sin embargo, la contienda, la disensión termina, cuando se identifica al chismoso y se reconoce el mal que provoca, desechándolo. Dice en Proverbios 26.20: “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda”. Hay que estar atentos para no prestar los oídos al chisme que generalmente se presenta en forma sutil, como algo ingenuo y hasta simpático.
Como fue expresado anteriormente, el chisme va de la mano de la murmuración y la actitud juzgadora. En este sentido, cabe recordar lo expresado en Santiago 4.11-12: “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros”. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la Ley y juzga a la Ley; pero si tú juzgas a la Ley, no eres hacedor de la Ley, sino juez. Uno solo es el dador de la Ley que puede salvar y condenar; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
Cuidado con aquellos que se acercan para opinar sobre sus semejantes, o contar algo que saben sobre otra persona. Porque así como le van con un cuento a usted, el día de mañana, pueden hablar con otro sobre usted, comunicando otro chisme. Estas personas son insaciables, no pueden controlar su impulso de hablar sobre otros, juzgando sus actitudes, murmurando, en definitiva… chismeando.
Clame a Dios para no ser seducido/a, por el chisme. No se preste a escuchar, ni a hablar sobre otros, haciendo correr algo de lo que luego se lamente.
El chismoso es un periodista trucho, que comunica las noticias desde su óptica, no importándole si daña la buena fama de sus semejantes, promoviendo la contienda. Pida a Dios sabiduría para evitar el chisme y sus consecuencias, para evitar que el cuerpo de Cristo sea dañado por esta conducta, tan sutil, pero tan dañina.
Pastores C. Graciela Médico y Juan C. D’Ambrosio






