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Junior Zapata – La revolución Zapatista

20 de mayo, 2009                                
Sección: Entrevistas

Está de vuelta.  Sencillo y demoledor; tiene la virtud de contestar a todo lo que se le pregunta.  También tiene el defecto de contestar a todo lo que se le pregunta.  No improvisa – o por lo menos disimula bien.  Con ustedes, Junior Zapata.

¿En qué andás Junior?

Estoy terminando un libro llamado Agorafobia, que es el nombre clínico del síndrome de la gente que tiene miedo a los espacios públicos y no tienen control sobre las reacciones de los demás. Y así somos los cristianos, al tener miedo del mercado traemos a todos adentro, al templo. En un ambiente cerrado y controlado podemos darles a todos nuestras ideas. Ideas que son buenas, pero no están expuestas al debate ni al escrutinio, nadie nos puede contradecir. No nos queremos exponer.

Pero exponernos conlleva un riesgo…

¿Pero qué riesgo podemos correr? La Verdad no es un concepto, es una persona, Jesucristo, quien dijo “Yo soy la verdad”. Si nosotros decimos eso no hay riesgo. Puede ser ridiculizada, puede ser burlada pero no dejará de ser la verdad.

¿Los cristianos no saben compartir su verdad?

Cuando Jesús muere, están todos sus amigos en una habitación cerrada, todos son los incrédulos, no solo Tomás. Y este dijo “yo no creo en eso”. Es en el momento de la duda cuando aparece Jesús y les muestra sus heridas. Tomas cree en ese momento. No es sino hasta que les mostramos como cristianos nuestras debilidades que la gente cree en Dios. Pensamos que con este disfraz vamos a atraer a la gente, y ellos no quieren ver eso porque no existe. No nos queremos exponer porque tememos a mostrar nuestras debilidades.

¿Es que no vivimos lo que predicamos?

Exacto, por eso lo predico, porque estoy tratando de llegar a serlo.

Entonces es falta de fe…

La iglesia no quiere admitir que cree en la Biblia. La fe viene por el oír, y el oír la Palabra de Dios. No solo no sabemos como responder a ciertas preguntas complejas que nos hace la gente, sino que pensamos que debemos contestarlas todas. Pero no tenemos que ser todos apologetas. Si te preguntan porqué hay tanta maldad en el mundo y no sabes tienes que decir ¡No se! Hay una respuesta para eso pero solo la sabrás si estudias sociología, filosofía, antropología, historia y un poco de teología. Nos queremos hacer expertos en temas en los que no lo somos.

Además, tendemos a sacar las cosas que nos gusta de la Biblia. Por ejemplo, todos hablamos de la conducta obediente de Noe, que construyó un arca en el patio de atrás, pero no decimos que era un borracho abusador de niños, que andaba por ahí enseñando sus partes a sus nietos. Hay muchos que anhelan ser como el salmista David. Yo no quiero ser como él, un asesino adultero y mentiroso. Nadie habla de Betsabe, que fue violada, se le murió su hijo y le mataron al marido.

Y la solución que encontramos es machista: “si sabía que el la estaba viendo como se va a nadar desnuda”. Hablan del apóstol Pablo con sus viajes misioneros, ¿porqué no se había casado? ¡No había mujer que lo aguantara! No contamos toda la historia, limpiamos la Biblia, lo que nosotros consideramos sucios. Pero somos igual que ellos, y queremos mantener la imagen de santos. El cristiano de hoy no sabe la Biblia, primero porque no la lee, segundo porque no la estudia y tercero porque no la memoriza. Solo enseñamos lo que nos conviene.

¿Hay una crisis de creatividad?

Si, definitivamente. El ochenta por ciento de las canciones que se cantan en Latinoamérica son las que escribieron otros.

La razón de esto tiene raíz en muchas cosas. Primero vivimos en un tiempo de show, que no hay problema que lo haya, pero que se nombre como tal. El otro problema es que no generamos contenido artístico ni intelectual. Está bien que se produzca la industria y el mercado que se venda. Me molesta la hipocresía con la que proclaman que trajeron a tal artista para bendición de los jóvenes. No es cierto, lo trajeron porque sabían que podían llenar un estadio.

La iglesia se conformó a una liturgia…

Es la realidad que la iglesia tiene, antes no había corbata, entonces no había pecado para los que no entraban con corbata a la iglesia.

Ya no queremos ir a comer con Zaqueo porque su casa y sus sirvientes son comprados con dinero robado. Entonces nosotros somos muy buenos como para comer con él. El ejemplo de Jesús con Zaqueo es el de Dios con la humanidad. Ya no podemos ser dos espías que entran a la casa de una prostituta, no, cómo vamos a entrar a la casa de una prostituta. En una ciudad como Buenos Aires hay una prostituta que esta esperando en su casa para que le vayan a llevar la salvación, pero nosotros somos demasiado santos como para entrar en la casa de una prostituta.

¿Cómo se hace para hablarles de Jesús a los pueblos originarios sin destruir sus tradiciones?

Hubo un misionero que fue a predicar al África, donde había dos tribus que por muchos años estuvieron en guerra entre sí. El tenía que traer paz a esa región. Cuando les hablo acerca del sacrificio de Jesús, y de la traición de Judas, los aborígenes saltaron de alegría porque querían ser como Judas, ya que ese valor era su máximo valor. Jesús había sido reducido al ridículo. Entonces el misionero llamó a los dos jefes y les dijo que para resolver el dilema de la guerra, una tribu tenía que entregar su bebé más reciente a la tribu enemiga en adopción. Y cuando hicieron eso hubo paz. Entonces el misionero les habló el evangelio y las tribus creyeron.

Dios le dio derechos y libertades al hombre incluso de escoger el pecado. Nosotros pensamos que cristianizar al país es destruir todo lo que no es de acuerdo con los valores cristianos: drogas, sexo, entre otras. Eso es volver al comunismo, o a la Inquisición. Una nación cristiana no va a tener drogas, ni pornografía, ni violencia, pero porque los habitantes van a decidir que no quieren eso, no porque se lo prohíba. Nosotros tenemos que ir y sembrar la semilla del evangelio. Y como resultado, el individuo va a cambiar ciertas cosas.

Junto con el mensaje llega un bagaje cultural enorme, nuestras costumbres, y es porque nuestra fe se volvió un asunto cultural también. Hay iglesias en las que se reúnen cada domingo en la mañana y todos los hombres visten camisa blanca y corbata negra. Eso es una costumbre inglesa, pero algunos parecen tomarlo como doctrina.

Ah, pero no dejamos que nuestros chicos tengan tatuajes.

Volvemos al tema del idioma…

Miren a Jesús el método efectivo. Para qué les iba a hablar a sus discípulos de la conversión de la materia por la antimateria, ni de la materia oscura ni los protones o neutrones, sino que tomó unos higos, habló del trigo, el grano de mostaza.

Pero los neutrones y protones son tan reales como el trigo. Ahora, en el siglo XXI nosotros seguimos utilizando las mismas parábolas del trigo a gente que no tiene ni idea de lo que es el campo. No sabemos traducir la persona de la verdad a su idioma. Y el mensaje se diluye no por que el mensaje esté mal, sino porque los traductores, nosotros, no sabemos traducir.

El mensaje sigue siendo el sacrificio de Jesucristo…

Es la cruz, esas últimas doce horas de agonía de Jesús que narra Mel Gibson, esa es la clave del evangelio. Está muy bien que la Iglesia latinoamericana tenga su propio desarrollo, pero me molesta la arrogancia con la que algunos detentan el modo de liturgia, como si ellos solo supieran interpretar a la Trinidad. Yo dudo que los seis mil millones de almas que hay en el mundo conozcan a Jesús de la misma manera. Dudo que todas la personas que estén en el cielo quieran cantar “Toma, Tómalo”( Hillsong United). Es más, creo que es una canción bien estúpida. Conozco al guitarrista que la escribió y le dije “mira cómo tu canción dio la vuelta al mundo”, y el me contestó: “Si es gracioso porque es la última que incluimos en el disco, ya que no se nos ocurría que poner”.

Teniendo en cuenta como esta dispuesto la distribución del poder en este sistema. ¿Qué actitud le queda al cristiano que quiere incursionar en política?

Primero que nada, no debe confiar en la iglesia. El político cristiano debe llegar al poder porque es un buen estadista. Proverbios habla del buen gobernante, no del gobernante cristiano. Por ejemplo, si tienes un problema en tu cerebro y necesitas una operación. ¿Quién quieres que te opere? ¿Tu pastor o un cirujano?

¿Quién quieres que gobierne tu país? ¿Tu pastor o alguien capacitado?

Elijamos al bueno.

Por Pablo Muñoz

Boomker.com – Argentina