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Convicciones Espirituales

16 de septiembre, 2011                                
Sección: Notas

El apóstol Juan, al final de esta carta, resume una serie de certidumbres, o certezas que él tenía a la luz de su experiencia de fe.
El apóstol Juan a lo largo de la epístola insiste sobre varios temas, los cuales plantea al derecho y al revés.
La dureza del corazón, la escucha distraída de sus oyentes, le llevó a repetir de diferentes formas sus afirmaciones doctrinales.
La doctrina para Juan, al igual que los dichos de los sabios a lo largo de la Biblia, no son sólo palabras que definen un hecho.
Toda afirmación está sustentada por una experiencia de vida.
Las enseñanzas de Dios, sus advertencias, son planteos prácticos muy oportunos para tomar en cuenta. No son gravosas ni arbitrarias. Las enseñanzas de Dios, cuando nos ejercitamos en ellas, son agradables y perfectas.

De acuerdo con lo comentado, la primera convicción espiritual, que se destaca en esta última sección de la primera carta de Juan, es…
La certeza de la vida eterna

Dios tiene poder sobre la muerte, Él es eterno, no tiene principio ni fin.
Dios ha mostrado su poder sobre la muerte en el acto mismo de la resurrección de Cristo.

Dice en Primera Juan 5.13: “Estas cosas les he escrito a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para
que sepan que tienen vida eterna y para que confíen en Él.”

Por otro lado, en el evangelio según Juan 1.1, dice:
“En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.”

Desde el Génesis Dios Padre se ocupó de la creación de todo lo que existe. Asimismo, en este mismo libro de Génesis se declara que el Espíritu de Dios se movía entre las aguas. Y con toda claridad, fue por medio de su Palabra que hizo todas las cosas.

La promesa de vida eterna viene de un Dios que es eterno. Él nos creó por amor, y aunque el ser humano se aleje de Dios, nos brinda la oportunidad de reconciliarnos con Él.
Dios desea que estemos en comunión con Él, y que esta comunión sea eterna.
Juan alienta a creer en el hijo de Dios.
Creer en el nombre del hijo de Dios implica creer en sus atributos, en su poder.

Muchos declaran tener fe en Dios, pero no viven de acuerdo a su fe.
Muchos declaran su fe en Cristo, pero su confianza está puesta en otras cosas. Está puesta en sus capacidades, en el dinero, en otras cosas.

Juan nos continúa alentando a poner la mira en Jesús. A poner la mira en su ejemplo de entrega. El apóstol Juan nos exhorta a vivir de acuerdo al poder que Dios nos imparte, desechando las dudas, confiando en Aquel que resucitó a
Jesús de entre los muertos.

Dios nos exhorta a poner la mira en las cosas de arriba, confiando en el gran galardón que está reservado para los que creen, y viven de acuerdo a la orientación dada por Dios.

La segunda convicción espiritual, que se destaca en esta última sección de de la primera carta de Juan, es…
La certeza de que somos escuchados por Dios

Dios escucha nuestras oraciones. De hecho, las perfecciona a través de su santo Espíritu.

Dice en Primera Juan 5.14-15:
“Esta es la confianza que tenemos en El, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, El nos oye. Y si sabemos que El nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.”

Quizá no sepamos cómo orar o cómo pedir determinadas cosas. Pero contamos con que Dios conoce las intenciones de nuestro corazón.
Y si con limpieza a Él nos acercamos, en actitud de humillación ante su presencia, el Espíritu interpreta nuestro deseo y con gemidos indecibles intercede ante el Padre celestial.

El desafío es animarnos a orar. La oración siempre precedió a las victorias del Pueblo de Dios.
La oración nos pone en sintonía con Dios.

A través de la oración no sólo hablamos con Dios, sino que Él nos habla a nosotros.
Es necesario que agudicemos nuestro oído espiritual al orar a Dios.

Ore a Biblia abierta, para que Dios le hable a través de su Palabra. Pida discernimiento para comprender la voluntad de Dios y aplicarla a su vida.
Corrija lo que sea necesario corregir en su vida para ser un canal limpio, a través del cual Dios pueda obrar con libertad.

Dios responde nuestras oraciones. De hecho, si somos dóciles a Él, El habrá de perfeccionarlas. Porque Él no sólo habrá de otorgarnos buenas cosas, sino que su propósito será respondernos con lo mejor para nuestras vidas.

¡Ore! ¡Y sea dócil al obrar de Dios sobre su vida!

La tercera convicción espiritual, que se destaca en esta última sección de la primera carta de Juan, es…
La certeza de la gravedad del pecado

El apóstol Juan continúa exhortando a sus oyentes a orar. Él anima a pedir, a orar, intercediendo por aquellos que están en pecado.
Dice en Primera Juan 5.16-17:
“Si alguno ve a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida…”

La oración intercesora es poderosa. Dado que nos alinea con la voluntad de Dios.
Dios tiene propósitos altos, que para ser interpretados, es necesario clamar a Él.
Probablemente Dios nos use como instrumentos de su paz, para reconciliar a otros con Él.

Quizá no nos toque ministrar en forma directa a aquellos por los que oramos. Sin embargo, sabemos que la Palabra de Dios no retorna a Él vacía. Por lo cual atendamos a esta exhortación de Dios a orar, y Él se encargará de usarnos, o usar a otros, para ministrar al pecador.

El apóstol, dentro de la misma carta, menciona el pecado de muerte. Probablemente aluda a la blasfemia contra Dios. Blasfemar contra Dios incluye la incredulidad, porque no se le da crédito a Dios y se niega de alguna manera su existencia y su poder redentor.

El apóstol no plantea dejar de interceder por este tipo de personas. Sin embargo, pareciera dar a entender que la falta de fe de èstas las condena a sí mismas.

¡Usted ore! Haga su parte. Aquellos que se humillen ante Dios serán premiados y bendecidos por Él.
Los que no lo hagan… su misma actitud es la que los condena.

La cuarta convicción espiritual, que se destaca en esta última sección de la primera carta de Juan, es…
La certeza de que el pecado no se enseñoreará

Los creyentes en Cristo diariamente somos provocados y tentados por el enemigo de Dios. Sin embargo, si nos sometemos a Dios y resistimos al obrar perverso de su enemigo, el maligno huirá de nosotros.

Él no puede enseñorearse de la vida de los que son hijos de Dios.
Podrá intentar zarandearnos, despojarnos de muchas cosas, pero nunca enseñorearse sobre nosotros.

Dice en Primera Juan 5.18-19:
“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios lo guarda y el maligno no lo toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.”

El enemigo de Dios fue vencido en la cruz. Pero como padre de mentira, pretende engañar a los escogidos, a los que han hecho a Jesús su Señor y Salvador.

Dios nos mostró cómo vencerle. En primer lugar, conociendo la Palabra de Dios, para vivir de acuerdo a sus enseñanzas, y no ser engañados por las medias verdades del enemigo de Dios.

En segundo lugar, Jesús nos enseñó a no correr riesgos innecesarios, a los que permanentemente somos expuestos.

Del mismo modo, Jesús nos enseñó a no dejarnos llevar por las ansias de poder, desafiándonos a servir con idoneidad y como producto de su amor actuando en nuestras vidas.

¡Tome en cuenta la orientación dada por Dios! ¡Resista a las tentaciones que le presenta su enemigo!
Dios habrá de darle la fortaleza para vivir honrándolo a Él, bendiciendo a sus semejantes.

Finalmente, la quinta convicción espiritual, que se destaca en esta última sección de la primera carta de Juan, es…
La certeza de estar en la verdad
Hoy quieren confundirnos con el hecho de que no somos los dueños de la verdad. Es cierto, uno solo es el dueño de la verdad.

El que haya quienes no creen en Dios, no implica que Él no exista.

La fe en Dios es una experiencia personal, única e intransferible.

Sólo a partir de la experiencia de la fe es posible comprender, reflexionar y aceptar la verdad de las enseñanzas que hallamos en la Biblia.

Dice en Primera Juan 5.20-21:
“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna. Hijitos, apártense de los ídolos. Amén.”
Evite toda forma de idolatría.
Toda aquello que ocupe el primer lugar en nuestras vidas, que no sea Dios, se constituye en un ídolo.

Las enseñanzas de Dios son sanas y sanadoras. Sólo Dios puede ayudarnos, a través de la comunión íntima con Él, a ordenar las prioridades de nuestra vida en forma adecuada.

Identifique qué está queriendo ocupar el primer lugar en su vida.

¿Qué intereses quieren enseñorearse de su vida? ¿Son las posesiones? ¿El Trabajo? ¿Determinados proyectos?

Si bien cada una de estas cosas contienen un bien en sí mismas, lo mejor es dar a Dios el primer lugar, para resignificarlas y reubicarlas en su justa medida.

Pida a Dios sabiduría para identificar a tiempo qué puede distraer la atención de Él.

Día a día pida sabiduría para ordenar sus prioridades en la forma más adecuada, de manera tal que Dios le ayude a experimentar la Verdad, la cual le hace libre, ayudándole a tomar las mejores decisiones para su vida.

En síntesis…
Afírmese en su experiencia de fe, para vida abundante y eterna.
Su vida tiene propósito y un sentido trascendente.
Identifique el pecado, aquello que lo desvía de las enseñanzas divinas, y lo inclina a sus bajos deseos.
Aférrese de la convicción de que el pecado no puede enseñorearse de los hijos de Dios.
Confíe en la Verdad que es posible discernir a través del Espíritu, al leer cada día Biblia y orar a Dios.
Crea en Aquel que es poderoso para fortalecerle e impartirle sabiduría.

Ptor. Juan César D’Ambrosio
Ptra. C. Graciela Médico de D’Ambrosio