Debo confesar “we are chusmas”
Hace algunos meses que me vengo riéndo mucho de las indiscresiones que suceden en Facebook, con cuánta liviandad toman algunas personas algunas palabras dichas al pasar, o el sólo hecho de tener como contacto a alguien que por alguna razón miran, observan y se involucran.
Una de las cosas que más me genera rechazo es la familiaridad y la postura de “sabelotodo” que algunas personas asumen, tal vez inocentemente, pero donde se equivocan de cabo a rabo. Tal vez no caiga muy simpático lo que voy a decir, pero los casi cinco mil contactos que tengo en facebook, no son todos mis amigos y es muy probable que esos no lo sean nunca, por razones de edad, distancias geográficas, sexo, creencias, (muchos de mis amigos reales que están en facebook no comparten mi fe religiosa), etc.
Veo que es tanta la necesidad de saber del otro, que nos relacionamos mal. Suponemos situaciones, tonos, posibles giros anímicos, entramos en confianza familiar sin conocer cara a cara con quien quiero interrelacionarme. Muchas veces siento que al abrirle la puerta de mi casa a un desconocido, el vago entra en patas, mal vestido, se sienta en mi living y se rasca las orejas. Situación totalmente desagradable, que se potencia más aún, cuando el individuo aparcado en el sofá sin prurito alguno me dice: “Vieja, traeme agua pa’ lavarme las patas”.
He puesto en mi facebook que tengo una relación complicada… puede ser cualquier relación, digo, no necesariamente de pareja, y me encontré con mensajes de lo más desopilantes, muchos de ellos muy tiernos, por cierto… sobretodo viniendo de mis amistades reales que sabiéndome una inconciente creyeron que les iba a dar una noticia sublime de ésta manera. Luego puse que era una relación abierta, y el calibre de los mensajes (sobre todo los privados) fue cambiando por… ¿prejuicio?… tal vez. Ayer (antes de ayer) fue el cumpleaños de mi madre y un viejo amigo, querido y loco rematado como yo, hizo el chiste de saludarle “a la suegra”, es decir a mi madre. Viniendo de él me reí mucho y le iba a seguir el chiste desde otro punto hasta que otra persona, no dudo que haya sido bien intensionada y se haya querido sumar al chiste, puso lo mismo. Yo sentí en ese momento al individuo desprolijo instalado en el sofá de mi living pidiéndome agua para lavarse los pies. Subí la apuesta y sin mucho protocolo (entre amigos de años y por haber compartido la vida, mucha falta no hace) pusimos con mi amigo, Federcio Castro, que tenemos una relación. Lo cual es verdad, porque como ya dije somos viejos amigos. ¡Claro! Está bajo “situación sentimental”, y nuestros comentarios fueron en ese sentido siguiendo el chiste en cuestión. Al punto que, mi propia madre se rió y continuó el chiste también.
Para algunos puede ser hasta ofensivo la parodia que armamos, pero refleja muy bien lo que otros muestran en los muros. El reflejo que se genera es tan absurdo y desagradable que hasta ofende a la persona que aceptó cordialmente compartir una red social con alguien a quien jamás le vio la cara, pensando que tal vez podría encontrar una nueva amistad para cuidar. Pero como no entendemos de límites entre lo público y lo privado, nos desbocamos como caballo malo y trotamos cruzado sin saber hacia donde realmente vamos.
Quiero llamar a la reflexión en este humilde discurrir, acerca de la actitud que tomamos en una red social con los desconocidos que dejamos que ingresen a nuestra red. Será positivo que nos analicemos y veamos hasta donde compartimos y hasta donde nos estamos metiendo en terreno absolutamente privado. Y por supuesto, no hablo de mi juego con la “Situación Sentimiental” en facebook, sino con esas atribuciones que solemos tomar y familiaridad sin conocer realmente a la otra persona, sin saber si le cae mal, si le gusta o no, como la estoy tratando. Mucho más aún cuando opino acerca de una frase dicha (escrita al pasar) y le doy un sermón, o todo lo que dice lo llevo hacia un sólo lado de la realidad. Y aquí con mucho temor quiero resaltar algo muy escabroso, para con quienes comparto la fe en Cristo Jesús: hablar en espiritualoide no me hace más santo, me hace más inentendible. Tengo parva de amigos que no comparten la fe y no entienden una sola palabra de lo que muchos me dicen y para mi es molesto, porque nunca me gustó escuchar a mi abuela hablar su dialecto piamontés porque no entendía nada. De igual manera mis amigos reales que están en mi red de facebook no entienden, ni decodifican el dialecto espiritualoide de aquellas personas que no conozco, que comparten mi fe, pero que hablan en difícil.
Sé que me voy a ganar muchos enemigos, pero debo ser sincera. Me importan más aquellos que conozco en persona y con quienes no comparto una fe o creencia religiosa, que el resto. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Buenas noches y salutes para todos!
Lizzie Sotola






