Protector y libertador divino II
“Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” Salmo 18:2
David utiliza dentro del versículo una serie de metáforas para iluminar las experiencias que tenía respecto del amparo de su Dios. Es como si reviviera sus tiempos de huídas y escapatorias, y recordara específicamente cómo había hallado escondedero en Yahvé. Las figuras que usa y sus implicancias son las siguientes:
a) ROCA: en Dios él había hallado un firme fundamento. En Él, David encontraba ese peñasco áspero que era inexpugnable e inconquistable para los enemigos. Allí se ocultaba seguro.
b) CASTILLO Y FORTALEZA: Dios era esa “torre de salvación” en la que en todo momento de peligro se había refugiado. David podía “entrar” ( a la presencia de Yahvé) y sentirse a salvo, ya que en ese “sitio inabordable” nadie podía acecharlo.
c) ESCUDO: Yahvé había sido para el salmista defensa, protección y amparo. David sentía que de su comunión con Dios venía ese gran poder que lo salvaba y lo libraba del hombre violento.
d) REFUGIO: El Señor había sido para él como la cueva de Adulam. En su situación de marginado y perseguido, había hallado asilo y cobijo en su presencia.
Estimado lector, en medio de tus conflictos, ¿estás buscando ese sitio seguro que te ofrece la comunión con tu Dios?¿Buscas estar muy cerca de Él, para que sea tu protección y tu torre de salvación?¿ Es Él tu lugar de refugio y cobijo?
ORACIÓN: que siempre pueda encontrar en ti esa roca en donde afirmar mi fe y mi confianza. Gracias porque tú eres mi fortaleza y mi refugio. Sé tú un escudo que me defienda de toda asechanza del maligno.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com
Clamor que produce salvación II
“Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos” Salmo 18:3
El salmista se vuelve de su propia preocupación y, en medio de su determinación de invocar el nombre de Yahvé, declara que solo Él es digno de ser alabado. David conocía muy bien lo que significaba la alabanza, y en este salmo la usa en respuesta a las situaciones de maldad que lo estaban confrontando. Él era consciente de que toda turbación desaparecería ante la exaltación sincera a su Dios.
David estuvo determinado a orar tanto como a alabar. Fueron actos de su voluntad, no meras palabras. Hubo clamor y reconocimiento. Con estos dos elementos, el salmista supo centrar la atención sobre Dios, digno merecedor de ser glorificado. Quizás las circunstancias externas no cambiaron y David siguió siendo un fugitivo por un tiempo más, pero lo que marcó la diferencia en su corazón fue saber que con su alabanza, la poderosa presencia de Dios establecía un trono desde donde ejercía dominio y control. Rey y Señor siempre, Dios conoce el corazón de los hombres. Delante de su presencia no hay engaños. Él reconoce las acciones de los malvados, ninguno de ellos quedará sin su paga. Tarde o temprano, la mano suya se extiende en salvación de su ungido.
David supo humillarse y despojarse de toda aspiración de gloria y poder personal. Se adelantó a los adoradores de Apocalipsis 4:11: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder”. Fue sumiso en todo hacia aquel que estaba en el trono. Es evidente que no podemos adorar a menos que haya una total entrega de nuestro corazón, como la tuvo David.
Querido lector, la alabanza es un remedio infalible para combatir las preocupaciones , los temores y las presiones de la vida cotidiana. Busca adorarle para establecer una relación cada vez más fuerte con Él. Recuerda que la alabanza traerá su dominio a todas las áreas de tu vida.
ORACIÓN: Que toda perturbación en mi vida desaparezca en el poder de tu alabanza.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com
Clamor que produce salvación I
“Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos” salmo 18:3
David está siendo perseguido. Su vida está en peligro. el miedo se ha apoderado de él. En ese momento de máxima tensión, determina invocar a Yahvé. Esta palabra se traduce como “llamar por nombre”, pero se puede usar en variedad de aplicaciones: gritar, clamar, nombrar, pregonar, proclamar, publicar, entre otras. Todos estos términos refuerzan la idea de no quedarse callado frente a las vicisitudes de la vida. El camino que escoge el salmista es este: el clamor, el grito, el llamar por su nombre al Dios de pactos para que Él intervenga en su situación. Pero David no se queda allí. Lleno de esperanza, alabanza y entusiasmo proclama que, al hacer esto, será salvo de sus enemigos. Dios actuaría en su favor.
La Biblia en paráfrasis traduce este texto así: “Basta que clame a Él, para ser librado de todos mis enemigos.” Y la Versión Popular dice: “Cuando te llamo, me salvas de mis enemigos”. Esto manifiesta que frente a cualquier situación de presión que se viva, hay que remitírsela a Dios inmediatamente en oración y clamor. Y en este grito desde el corazón, Él oirá y ayudará haciendo alejar a los enemigos. ¡Alabado sea el Señor!
Querido lector, ¿qué haces cuando te encuentras en circunstancias difíciles? ¿Callas o clamas? Tu propia realidad, ¿te hace gritar, como David, clamando al cielo? Dios está esperando que invoques su nombre para librarte de todos tus adversarios.
ORACIÓN: Escucha, Señor, mi clamor y acepta mi oración. Hazme confiar en que tú me responderás viniendo en mi auxilio.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com
Protector y libertador divino
“Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” Salmo 18:2
Después de una frase inicial de amor entrañable, el salmista comienza a detallar una sucesión acumulativa de títulos divinos. Yahvé es para David, además de fuerza, libertador, protector y salvador fuerte. Esta última expresión es literalmente “cuerno de mi salvación”. No se trata de los cuernos del altar que ofrecían asilo jurídico al que se acogía a ellos (ver 1 Reyes 1:50), sino de una metáfora usada en la literatura de Oriente Antiguo, donde el “cuerno” representa la máxima defensa potente en la lucha más brava.
David, en el salmo 27:1, expresa este concepto de la supremacía salvadora de Yahvé: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” ¡Qué confianza comunican estas palabras! El salmista confía en la protección y la liberación divina. Yahvé era un Dios que no solo lo guiaba sino que también lo defendía. Esta relación íntima entre David y Yahvé se hace evidente en las veces que repite la palabra mío, mía y mi. Tiene la certeza de que Dios se ha vinculado con él de manera personal, para defenderlo. Y así, aunque llovieran flechas de todo los flancos, aunque hubiera violencia e injusticia, él encuentra refugio en su Señor, en el único que permanece cuando todo parece venirse abajo.
Estimado lector, ¿te sientes seguro en Dios? ¿Ves su mano defendiéndote en las luchas más intensas que atraviesas? ¿estás confiando plenamente en Él, sintiéndolo como personal posesión tuya? ¿Es Él tu Salvador? A pesar de los peligros que te puedan acechar, ¿ te sientes seguro en aquel que es más poderoso que cualquiera de tus enemigos? ¿Dejas que Dios se haga cargo de tus temores más profundos?
ORACIÓN: Señor, ayúdame a recurrir a tí en tiempos difíciles. Dame una confianza plena en tu obra de protección y liberación hacia mi vida. Te entrego todos mis temores ya que tú eres el único que puede salvarme.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com
El amor a Dios como prioridad
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía” Salmo 18:1
En este versículo está comprendido el móvil de la vida de David, el amor a Dios. Este fue el motor impulsor de su multifacética tarea: líder, guerrero, compositor y rey. Se destacó por ser una persona brillante, “un hombre”, como dice la Palabra, “conforme al corazón de Dios”. Quizás el secreto consistió en que se ocupó de que sea prioritario en su vida buscar a Yahvé. Sabía que si era hallado fiel en esto, todo lo demás vendría por añadidura. La pasión por su Rey y la comunicación espiritual íntima con Él era lo que consumía su corazón. Su gran anhelo era el de adorar genuinamente a Dios. Y así se preocupaba de buscarlo y adorarlo cada día de su vida.
Es interesante la traducción de la Nueva Versión Internacional: “¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!”. La palabra que, en hebreo, David usa para te amo es poco común. Los términos más afines al castellano serían mimar o acariciar. Y un derivado de esta interpretación representa a una madre embarazada que pasa sus manos suavemente por su vientre portador de vida. ¿Podemos imaginar a David proyectándose hacia Dios en una adoración suave y mimosa? ¿Podemos percibir, en el Espíritu, esa caricia entregada al creador de vida por excelencia? Y ¡qué contraste pasar de la delicadeza a la fuerza! es que en ese tiempo emocional tan intenso, David encontraba en Dios la fuente de su fortaleza. Y todo ese matiz apasionado se transformaba en lo que lo impulsaba a seguir adelante con vigor, más allá de toda circunstancia adversa.
Querido lector, ¿has medido el nivel del amor a Dios en tu corazón? ¿Has hallado que ya estaba en señal de alarma por descuido de la comunión y la genuina alabanza a tu Señor? Si anhelas y buscas estos componentes primordiales, todo lo demás se ubicará en el sitio correspondiente.
ORACIÓN: Gracias, Señor, porque tu amor me da nuevas fuerzas. Que pueda brindarte una “caricia” en adoración cada día.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com
Gracias Señor por tu intervención
Gratitud por la poderosa y siempre oportuna intervención divina.
“Grandes triunfos da a su rey, y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia, para siempre” Salmo 18:50
Del salmo 18 extraemos enseñanzas que se pueden ir aplicando a la vida de comunión diaria con Dios.
David dedicó al Señor la letra de este cántico el día que lo libró de Saúl y de sus múltiples enemigos. Esta exuberante acción de gracias, matizada con figuras guerreras, se puede encontrar también, con algunas diferencias de detalle, en 2 Samuel capítulo 22.
Comenzaremos esta reflexión utilizando el último texto del salmo, ya que resume lo que el rey experimentó en medio de muchas situaciones críticas. El guerrero mira hacia atrás, recuerda los peligros pasado y trae a la luz los poderosos hechos divinos en su favor. Luego hace esta declaración enmarcándolo a Dios como el victorioso Salvador que le ha otorgado grandes triunfos. Yahvé ha obrado en misericordia hacia su vida y sólo Él es digno de ser reconocido y alabado.
David vio a Dios obrando en cada detalle de su vida, aun en los lados oscuros de sus propias batallas. Y fue allí, en su debilidad, donde sobresalió la cobertura de la compasión divina. Y no pudo menos que componer este cántico de triunfo, en donde puso en alto el nombre de Yahvé. Sólo Él debía ser enaltecido.
Estimado lector, situaciones adversas e incontrolables pueden estar presentándose delante de ti como “múltiples enemigos”. Cuando esto amenaza tu vida, debes refugiarte en Dios y confiar en que Él, una vez más, va a actuar poderosamente en tu favor. En vez de lamentarte, eleva un canto de victoria. Centra tu atención en tu Libertador, porque de Él viene tu ayuda.
ORACIÓN: Enséñame a saber exaltarte por encima de toda preocupación, aflicción, violencia, vergüenza o agravio. Trae a mi memoria tus poderosos hechos a favor mío, y que esto me inspire una nueva confianza para enfrentar las circunstancias adversas que hoy atravieso.
Nora Broda de Schneir, Pastora, Iglesia Bautista de San Isidro.
Boomker.com






